Presentación

El título mismo de este libro indica ya su intencionalidad: conjuntar dos grandes temas, convergencia y escenarios propicios para la interacción televisiva con sus audiencias.

Lo convergente como tendencia y fenómeno contemporáneo distingue y a la vez define mucha de la interacción que todos tenemos con los diferentes dispositivos tecnológicos a nuestro alcance. La convergencia ha hecho posible lo que hasta hace muy poco tiempo ni siquiera se contemplaba: una liberación generalizada para acceder al conocimiento y a los otros comunicantes, liberación que consiste en la múltiple posibilidad de comunicarse y construir contenidos comunicativos, independientemente de los soportes de producción y de recepción basados sólo en la transmisión multidireccional. Este camino va siendo el epicentro de otros muchos cambios y liberaciones desde que, por primera vez, fue posible separar la escritura, fotografía o dibujo del pensamiento de su impresión con tinta o cualquier otro material, como había sido la práctica prevaleciente durante siglos, desde que el papiro ancestral fue el recipiente de las letras y luego la imprenta la gran impresora.

Después de la imprenta y de que aparecieran las máquinas personales de escribir, llegó el cambio que revolucionó para siempre la secuencia lineal de ese proceso de escritura-impresión articuladas. Este invento consistió justamente en disociar la escritura y las imágenes de su impresión, lo cual fue posible en la pantalla de una computadora.

Lo que en el fondo significa este gran invento es el estallamiento de la linealidad del soporte material de lo comunicativo y la disociación por primera vez de una serie de procesos hasta entonces siempre en cadena: pensamiento, su escritura, dibujo o diseño, su impresión, su reproducción, su almacenaje y su distribución. Lo convergente de entonces y la convergencia de hoy se basan necesaria, y paradójicamente, en diversas separaciones que constituyen divergencias en partes y momentos del proceso comunicativo.

Hay muchos tipos de convergencia basados siempre en procesos de divergencia. La convergencia sustantiva, sin embargo, es la que ocurre entre máquinas y pantallas, y la mente humana. Sin ésta, las otras convergencias resultarían meramente instrumentales.

Si bien todos celebramos la convergencia comunicativa, que propicia la interlocución libre en distintas direcciones, especialmente a través de las redes sociales y el consumo amplificado que la conectividad intermitente proporciona, poco se repara en que aún es incipiente la convergencia para definir la producción de las televisoras. Éstas siguen siendo fuente unilateral de esa semiótica social hegemónica que flota y fluye en los escenarios de la interlocución con las audiencias. Las televisoras todavía se resisten a incorporarlas de manera real en la definición misma de su programación. Desafío muy importante sobre todo para televisoras que no son comerciales y buscan ganar su legitimidad con y frente a sus audiencias.

Fortalecer la convergencia comunicacional y, con ello, esclarecer estrategias para la interactividad de las audiencias con sus pantallas, como es el caso que nos ocupa en este libro, tiene que ser un acto deliberado, pensado, planeado y programado por parte tanto de las televisoras como de sus audiencias. Por esto, el énfasis en ahondar y discutir la convergencia como tal y sus pliegues en los primeros siete capítulos, en los que se aborda esa construcción de escenarios, no necesariamente tangibles que permitan justamente la interactividad posible y la interactuación deseada de todos los involucrados, situados detrás o al frente de las pantallas.

Teniendo geografías mediáticas particulares, en este caso nacionales, como contexto y mediación de la convergencia deseada o posible en distintas latitudes, los siguientes cuatro capítulos (del ocho al once) centran su esfuerzo en análisis específicos que la evolución de la convergencia ha tenido en sus países de referencia. Análisis que muestran, y confiamos que también inspiren, políticas televisivas convergentes que vayan haciendo posible que las convergencias múltiples entre sistemas mediáticos, historias tecnológicas y formaciones particulares de las audiencias permitan una mayor interlocución con éstas y entre las audiencias mismas.

Los otros cuatro capítulos de la última sección discuten algunas de las consecuencias que la convergencia contemporánea implica para los procesos particulares de producción e intercambio informativo. En ellos se aborda una discusión que va desde la efervescencia de los intercambios en redes sociales hasta la participación de las audiencias en la producción noticiosa y el periodismo ciudadano. Temas con gérmenes de futuros convergentes, pero que aún siguen estando como una meta por alcanzarse, ya que los sistemas de medios vigentes no acaban de asumir cabalmente a sus audiencias como informantes.

Los quince capítulos que contiene este libro son versiones elaboradas por sus autores a partir de sus intervenciones en el Foro TVMorfosis, realizado durante la FIL Guadalajara en diciembre del año 2012.

Como coordinador académico del foro y de los textos que componen este libro, agradezco la participación de tan distinguidos colaboradores y el auspicio de Gabriel Torres, coordinador general del foro y director del Sistema Universitario de Radio y Televisión de la Universidad de Guadalajara, por hacer nuevamente posible la entrega de estas páginas a los lectores.

 

 

Guillermo Orozco
Universidad de Guadalajara
Guadalajara, Jalisco, 15 de octubre de 2013

Para comprender la relación entre comunicación y poder, a diferencia de la mayoría de estudios centrados en los medios de comunicación masiva, la autora presta atención al “murmullo social” del rock que, como espacio de deliberación pública, acción concertada y dispositivo de almacenamiento de la memoria colectiva, es un espacio privilegiado de la política.

Este libro recoge el debate respecto de la evolución de las industrias culturales, sus profundas transformaciones y la necesidad de revisar y actualizar la interpretación teórica de este fenómeno.

En el libro se ensayan distintas estrategias para dar cuenta no sólo de la evolución de las industrias culturales, sino, a partir de éstas, poder comprender la mutación cultural que ha dado lugar la revolución digital.

Pantallas, ecosistema de medios, TV, redes sociales, convergencia, transmedia, meta-medio, culturas participativas, nube, experiencias, consumo, ciudadanía, audiencias, usuarios y dispositivos móviles, entre otros elementos, constituyen la atmósfera de la era digital en la que se desenvuelve este libro.

¿Qué sucedió con la televisión que se convirtió en un reto irresistible incluso para los intelectuales?, ¿cómo fue que las teleseries se convirtieron en obras veneradas como el arte? Nutrida del cine y de la literatura, de la música, de la publicidad y de todas las manifestaciones de la cultura y de la vida cotidiana, la TV colocó a las series en el mismo nivel que otras artes. No solo ocupó las conversaciones casuales, sino también los debates académicos, volviéndose un referente. 

Este libro reconoce y propone diversas formas de estudiar los procesos comunicativos desde sus distintas dimensiones: intercultural, multicultural o transcultural. Se trata de pensar en la comunicación como un campo analítico de estudio que se despliega en múltiples ámbitos explicativos para dar cuenta del hacer de las personas y los medios enraizados en contextos sociales específicos.

Las audiencias ya no están donde solían estar en las épocas del broadcasting: muy quietas frente a la pantalla del televisor. La fragmentación de las audiencias es un proceso que comenzó en los años setenta y ochenta con la difusión del cable y la televisión satelital; entonces, el reinado de las tres grandes cadenas estadounidenses (abc, nbc y cbs) empezó a resquebrajarse por la aparición de nuevos canales temáticos como cnn, mtv, hbo y otros. Había nacido la era del zapping.